
Los buques que zarpan desde los principales puertos asiáticos deben esperar largos periodos de anclaje antes de poder atracar. El corredor comercial entre China y Brasil es el más afectado por este cuello de botella logístico, y los cronogramas de llegada se ven alterados semana tras semana. Tanto la carga en contenedor completo como la carga fraccionada terminan atrapadas en largas colas de descarga y tramitación aduanera al ingresar a aguas territoriales brasileñas.
El transporte marítimo de contenedores completos solía mantener ciclos de navegación estables en esta ruta. Actualmente, la saturación portuaria obliga a los portacontenedores a esperar varios días fuera del puerto. Esta espera prolongada incrementa los gastos por demora y estadía, impidiendo que los importadores locales reciban la mercancía según sus plazos de venta.
La carga consolidada se ve aún más perjudicada por la congestión del Puerto de Santos. Los envíos mixtos de mercancía fraccionada requieren varias etapas de clasificación después de la descarga. Cuando las operaciones del muelle se ralentizan, la clasificación y la revisión de documentos se acumulan sin parar, lo que prolonga considerablemente el tiempo total de tránsito.
Los importadores brasileños con experiencia han modificado sus planes logísticos con anticipación. En lugar de reservar cupos en el último momento, la mayoría contrata espacio en los buques con un mes de antelación a la fecha de carga. Las reservas anticipadas evitan que los envíos queden sin cupo debido a la escasez de capacidad causada por la lentitud portuaria.
Otra medida muy utilizada es la optimización de rutas. Las empresas logísticas profesionales pueden organizar alternativas de transbordo y ajustar las fechas de llegada para evitar las semanas de mayor actividad en Santos, reduciendo el tiempo de espera innecesario en el anclaje.